La guerra de las encuestas
Fany Santiago, analista.
En política hay una frase que se repite hasta convertirse casi en sentencia popular: “la encuesta es de quien la paga”. Y aunque detrás de cada medición hay metodologías, casas encuestadoras y muestras que buscan darle rigor al ejercicio, lo cierto es que el vox populi suele mirar estos resultados con cautela, sobre todo cuando aparecen cifras diametralmente opuestas entre una encuesta y otra.
Hoy, esa llamada guerra de encuestas vuelve a colocarse en el centro de la conversación política rumbo a 2027.
#VideoColumna ▶️ Conviene recordar algo: una encuesta puede mostrar quién está arriba hoy; no necesariamente quién puede ganar mañana. El territorio tiene memoria. El análisis de #FanySantiago@fanysantiagof pic.twitter.com/sOraG8PgXE
— Víctor Americano Noticias (@americanovictor) September 10, 2026
En Morena, particularmente en los estados donde habrán de definirse las coordinaciones de la Cuarta Transformación, el debate no debería reducirse a quién encabeza una gráfica o quién aparece algunos puntos arriba o abajo.
Porque una definición política de esta naturaleza es mucho más compleja.
De los 17 estados que tendrán elección para gubernatura, todavía quedan 12 por transitar por este proceso de definición. Y en ellos comienza a sentirse, cada vez con mayor intensidad, la expectativa de las estructuras territoriales, de los liderazgos y de quienes aspiran a encabezar el proyecto de transformación en sus entidades.
Aquí hay algo fundamental: no existe una sola variable para tomar una decisión de esta magnitud.
La encuesta es un instrumento. El territorio es otro.
La organización, el conocimiento de las estructuras, la capacidad de construir unidad, la competitividad, la trayectoria y, por supuesto, la valoración política forman parte de una ecuación mucho más amplia.
Además, los propios estatutos de Morena contemplan mecanismos y atribuciones que permiten a su dirigencia nacional tomar decisiones estratégicas. Y eso también es válido dentro de la vida interna del partido.
Por eso, reducir todo a una encuesta sería quedarse con una fotografía cuando lo que está en juego es una película completa.
El verdadero reto para Morena no será solamente encontrar quién tiene mayores niveles de conocimiento o preferencia en un momento determinado. Será identificar quién puede construir un proyecto competitivo, mantener cohesionada a la estructura y llevar la transformación a buen puerto en cada entidad.
Y aquí aparece otro elemento que no puede ignorarse: la paridad de género.
Las definiciones no solamente tendrán que responder a criterios de competitividad electoral; también estarán atravesadas por las reglas y decisiones que garanticen la participación equilibrada de mujeres y hombres. Por eso, la discusión de “hombre o mujer” no puede plantearse únicamente como una disputa entre nombres, sino como parte de una estrategia nacional.
En Michoacán, particularmente, la expectativa comienza a crecer.
Las estructuras territoriales quieren saber hacia dónde caminar. Los equipos políticos empiezan a medir fuerzas. Los aspirantes hacen lo propio y las encuestas —propias, públicas, privadas o de distintas casas— se convierten en munición para alimentar la conversación.
Pero conviene recordar algo: una encuesta puede mostrar quién está arriba hoy; no necesariamente quién puede ganar mañana.
El territorio tiene memoria.
Ahí se sabe quién trabaja, quién regresa, quién escucha, quién construye y quién solamente aparece cuando hay una elección cerca. También ahí se conocen las lealtades, las capacidades de operación y, sobre todo, quién tiene la posibilidad real de sumar y no de dividir.
Por eso, la definición de las coordinaciones estatales de la 4T tendrá que leerse desde una perspectiva más amplia.
No será solamente una guerra de encuestas. Será una definición política y estratégica.
Y en esa definición, la dirigencia nacional de Morena tendrá una responsabilidad enorme: encontrar los perfiles que permitan competir con fortaleza, preservar la unidad interna y construir una ruta electoral que esté a la altura del proyecto nacional.
Porque cuando se habla de 2027, no se está hablando únicamente de quién aparecerá en una boleta.
Se está hablando de quién tendrá la responsabilidad de encabezar un proyecto político en territorio.
Y quizá ahí esté la verdadera encuesta.
La que no se levanta por teléfono.
La que se camina.




