¿Nuestros hijos vivirán mejor que nosotros?

Cuando éramos niños, seguramente escuchamos alguna vez a nuestros padres decir: «Yo quiero que tú tengas las oportunidades que yo no tuve».

Tal vez hoy somos nosotros quienes repetimos esa frase. Queremos que nuestros hijos estudien, que tengan un buen trabajo, que conozcan el mundo, que disfruten la vida y que no tengan que pasar por las dificultades que nosotros enfrentamos.

Al final, es un deseo bastante común: que a nuestros hijos les vaya mejor que a nosotros.

Pero algo parece estar cambiando. Aunque hoy tenemos más tecnología, incluso inteligencia artificial, mejores tratamientos médicos, acceso a información y herramientas que nuestros padres ni siquiera imaginaban, no estamos tan convencidos de que las próximas generaciones disfrutarán de una vida mejor.

De hecho, el Edelman Trust Barometer 2026, una investigación realizada entre casi 34 mil personas de 28 países, encontró que solamente el 32% de los encuestados cree que la siguiente generación vivirá mejor.

En México, la cifra baja al 29%, es decir, menos de tres de cada diez mexicanos consultados comparten esa expectativa. No significa que los demás estén seguros de que el futuro será peor, pero sí que la confianza en una vida mejor está lejos de ser mayoritaria.

El hecho de que sintamos que ahora es mas difícil, puede comprenderse con lo que hace unos días, la aseguradora AXA, en colaboración con Ipsos, publicó en su estudio internacional sobre los principales riesgos que preocupan a la sociedad.

Entre sus resultados apareció un dato interesante: el 71% de las personas encuestadas considera que criar hijos hoy es más difícil que en generaciones anteriores.

Y es probable que muchos padres entiendan esa sensación, porque conseguir una vivienda, pagar la educación, mantener una familia, encontrar tiempo para convivir, cuidar la salud emocional de los hijos o estar pendientes de los riesgos que enfrentan en internet son preocupaciones que forman parte de la vida cotidiana.

Y por supuesto, nuestros padres también tuvieron dificultades. Enfrentaron crisis económicas, jornadas laborales agotadoras y, en muchos casos, menos oportunidades de estudiar o desarrollarse profesionalmente.

La diferencia es que hoy contamos con más herramientas, pero también enfrentamos exigencias que antes no existían o tenían menos presencia.

Y algunas dificultades tienen una explicación bastante concreta.

Por ejemplo, según la Sociedad Hipotecaria Federal, los precios de las viviendas compradas mediante crédito hipotecario aumentaron 7.9% en México durante el primer semestre de 2026, respecto al mismo periodo del año anterior.

Para una pareja joven que intenta comprar su primera casa, el precio de la vivienda no es solamente un asunto económico: puede determinar cuándo independizarse, cuánto ahorrar o si es posible formar un patrimonio.

Y mientras la tecnología facilita numerosas actividades, no necesariamente resuelve las preocupaciones que más pesan en las decisiones de una familia, es decir, tener mejores herramientas, dispositivos o asiste tes tecnológicos significa vivir mejor.

El mismo estudio de AXA encontró que el 46% de los participantes cree que las generaciones jóvenes tendrán una calidad de vida inferior a la suya.

Pero hablar de calidad de vida implica algo más que comparar ingresos o patrimonio.

También entran en juego la salud, la seguridad, la educación, el tiempo disponible y las condiciones de trabajo.

Para muchos de nuestros padres y abuelos, tener un empleo estable y una casa propia eran referencias importants de bienestar. Hoy esas aspiraciones conviven con otras, como disponer de más tiempo personal, tener flexibilidad laboral o encontrar un mejor equilibrio entre el trabajo y la vida familiar.

Eso no significa que los jóvenes hayan renunciado a la estabilidad económica. Algunos eligen caminos distintos a los de sus padres; otros buscan las mismas oportunidades y encuentran dificultades para alcanzarlas.

Y ahí está la diferencia: no es lo mismo elegir una vida distinta que verse obligado a renunciar a la vida que uno desea porque las condiciones y el entorno no lo permiten.

Las encuestas no pueden anticipar cómo vivirán las próximas generaciones, pero sí nos muestran algo sobre nuestras expectativas.

Tenemos más herramientas, mas tecnología a nuestro alcance que nos provee de masposibilidades que antes, pero eso no garantiza que nuestros hijos tengan mayores facilidades para construir la vida que desean.