No más estacionamientos en la nueva ciudad, hoy en ‘El Derecho a la Ciudad’ de Salvador García Espinosa

411

EL DERECHO A LA CIUDAD

NO MÁS ESTACIONAMIENTOS EN LA NUEVA CIUDAD

Salvador García Espinosa

Una de las características de la ciudad actual es sin duda la extensa superficie que ocupan las calles y avenidas, como consecuencia de la relevancia que se le ha otorgado al automóvil. Pensar la ciudad para el automóvil nos ha llevado a la conformación de asentamientos dispersos que, son casi imposible habitarlos sin automóvil. Tal vez por esta razón, además de las inherentes a los problemas ambientales, los esquemas más vanguardistas sobre el urbanismo actual, ubican al automóvil se como un elemento poco deseable y se enfocan a un modelo de ciudad en pro de uso de la bicicleta y del transporte público, para conferirle, a la ciudad, la escala humana que ha perdido pues, en buena medida, se diseñado a la medida del automóvil.

La incorporación del automóvil a la ciudad, fue tan relevante, que paso a ser una condicionantes del desarrollo urbano. Se asumió que el carro era indispensable y los reglamentos y normas de edificación, incorporaros criterios para garantizar el estacionamiento que se demandaba. Bajo el principio que todos los usos de suelo, fueron estos habitacionales, comerciales o de servicio, provocaban que acudieran personas desde distintos rumbos de la ciudad y éstos acudirían en una gran mayoría en automóvil, por lo que sería fundamental contar con estacionamientos para cada sitio.

La necesidad del automóvil.

Bajo el principio anterior, se establecieron criterios de cuales deberían de ser los requerimientos mínimos a cumplir, para poder obtener la aprobación de un proyecto, el permiso de construcción y/o la licencia de funcionamiento. Por ejemplo, se estableció que las oficinas deberían de contar con al menos un cajón de estacionamiento por cada 50 metros cuadrados de superficie, que las escuelas deberían al menos disponer de un cajón por cada aula, en caso de primarias o jardines de niño, pero para preparatorias o universidades, como mínimo un cajón de estacionamiento por cada 80 metros cuadrados de superficie, en los cines un cajón por casa 8 butacas y así, para cada uso o actividad a desarrollar, existe un parámetro mínimo a cumplir.

Este criterio normativo ha generado una diversidad de problemáticas, por ejemplo, considerar que cada vivienda debe contar por lo menos con una cochera para un automóvil, ha llevado al absurdo de edificar viviendas de 30 metros, destinando al auto, un espacio de al menos 12 metros de terreno. Otro caso, es que la deseabilidad de los automovilistas por llegar hasta la puerta en auto, hizo que proliferaran los “valet parkin” que en muchos casos permite suplir el requerimiento de estacionamiento al que estaban obligados, pues solo estacionan los automóviles de sus clientes en la calle de atrás y aún así les cobran una tarifa por automóvil. El caso extremo, se encuentra en los centros comerciales, que aún y cuando el permiso de construcción los obligó a disponer de un determinado número de cajones de estacionamiento de acuerdo a los metros cuadrados de área rentable, ahora cobran por prestar el servicio de estacionamiento. Situación totalmente ilegal.

Transporte público, no automóviles.

En Nueva York, hace más de 30 años, ante la necesidad de absorber un crecimiento poblacional del orden de 8 millones de personas anuales, sin necesidad de expandir la ciudad, se desarrollo una estrategia de aumentar la capacidad habitacional de una gran cantidad de edificios, pero bajo dos criterios principales: que ninguna vivienda requiriera de estacionamiento y por lo tanto se ubicara a no más de o se ubicaran a más de minutos de una línea del metro, después de 10 años, se modificaron 124 barrios, poco más de 12,500 manzanas que equivalen al 40% de la ciudad se reformó y hoy casi el 90% de los edificios habitacionales se ubican a menos de 10 minutos caminando del metro.

Como ya se mencionó, el objetivo, hoy en día, son ciudades vivibles, a escala humano, con menos problemas ambientales y, en consecuencia, el criterio surgido en Nueva York, ahora se plasma en criterios normativos que señalan un máximo de cajones de estacionamiento en los edificios, para obligar a que los usuarios acudan en transporte público, caminando o en bicicleta.

En la Ciudad de México, desde el 11 de julio del 2017, se publico una modificación a la Norma Técnica Complementaria para el Proyecto Arquitectónico, en la parte relacionada con estacionamientos y entre otras cosas señala que: Las edificaciones que se realicen en la Ciudad de México podrán construirse sin la obligación de contar con cajones de estacionamiento para vehículos motorizados y establece el número máximo de estacionamientos permitidos en los distintos tipos de construcciones dependiendo del tipo de uso de suelo.

Sin duda, que el reto mayúsculo es disminuir la dependencia al automóvil y para esto, resulta fundamental el desarrollo de un eficiente sistema de transporte público. Claro que un buen comienzo sería, para todas las ciudades, incluyendo Morelia, eliminar los requerimientos mínimos de estacionamiento, pero también y de forma simultánea, las autoridades deben asumir su responsabilidad de mejorar el transporte público, pues resulta un elemento clave, para reconvertir nuestras ciudades a la escala humana, en beneficio de una mayor calidad de vida de sus habitantes.