Los de siempre. El análisis de hoy del Dr. Salvador García Espinosa

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El Derecho a la Ciudad

Los de siempre.

Salvador García Espinosa

En las últimas dos semanas, hemos presenciado la incidencia de al menos tres huracanes: Grace, posteriormente otro denominado Nora, sobre las costas del Océano Pacífico y casi de forma simultánea Ida con incidencia sobre el Golfo de México. Lamentablemente el incremento en la precipitación pluvial ha propiciado innumerables desastres los más lamentables por su magnitud fueron la inundación de Tula en el estado de Hidalgo y el desgajamiento del cerro del Chiquihuite en Tlalnepantla, Estado de México.

A propósito de este último evento, el pasado sábado 11, se publicó en un diario de circulación nacional, una caricatura, en donde se observa a dos esculturas de piedra, características de la cultura tolteca, que se encuentran en zona arqueológica de Tula, conocidas como Atlantes de Tula, inundados hasta la cintura y una de ellas cuestiona ¿De quién fue la culpa? A lo que el otro atlante contesta de inmediato: “De los de siempre”. Podemos interpretar que la sabiduría ancestral, representada por los Atlantes, refiere a que los culpables de la inundación, somos siempre los mismos: los seres humanos.

Un punto de partida que se hace necesario identificar, para poder asumir nuestra responsabilidad es comprender que no existen el desastre natural, la naturaleza tiene fenómenos naturales, como lo terremotos, inundaciones, tsunamis, deslizamientos de tierra, entre otros muchos más que, obedecen en su mayoría a procesos derivados de la conjugación de condiciones de la propia naturaleza. La condición de desastre, con la que se hace referencia a las enormes pérdidas materiales y de vidas humanas, son ocasionados por los seres humanos y por lo tanto es responsabilidad nuestra, no de la naturaleza; aunque insistamos en responsabilizarla.

Así es, por extraño que parezca, cuando llueve mucho y el agua busca sus cauces “naturales”, es decir, de acuerdo a la topografía y se concentra en los sitios que corresponde a los denominados “escurrimientos naturales” no se trata de otra cosa que, una respuesta del liquido ante los relieves topográficos. El problema surge cuando nosotros, como especie humana, consideramos que tenemos la tecnología suficiente para alterar el comportamiento natural del territorio sus elementos, al construir calles, viviendas y diversas edificaciones, ignorando que se trata de una zona no apta para el desarrollo urbano. Esta práctica es muy común y lamentable en la mayoría de los casos, termina en catástrofe con la siempre lamentable pérdida de vidas humanas.

El deterioro ambiental causado por la explotación irracional de los recursos naturales, tal y como ha acontecido con la tala inmoderada en extensos territorios, que ahora ante las intensas lluvias, ocasionan deslaves, pues los árboles junto con sus raíces, evitaban que se concentraran los escurrimientos, al absorber gran cantidad del agua de lluvia en el mismo sitio. Hoy, al igual que acontece con las urbanizaciones en lomas y serranías, provocamos que el agua escurra con mayor velocidad y cantidad (fuerza) tierra abajo, arrasando lo que encuentre a su paso y provocando grandes inundaciones en las partes más bajas de la ciudad.

El desgajamiento del Cerro del Chiquihuite, en Tlaneplanta Estado de México, acontecido el pasado viernes 10 de septiembre, en el resulta desafortunadamente hubo la pérdida de vidas humanas y más de diez personas que aún permanecen desaparecidas. Solo puede atribuirse a la negligencia de edificar viviendas en una zona no apta para el desarrollo urbano, por encontrarse sobre la parte baja de dicho cerro. Y no solo fue negligencia de los habitantes de esas viviendas, que, ante la falta de oportunidades dentro del mercado formal de suelo y vivienda, terminan invadiendo y asentándose en zonas de alto riesgo, como única alternativa. Sino de las autoridades, que ignoran la necesidad de brindar opciones de vivienda, para aquellas personas que, por falta de ingresos suficientes o permanentes, no pueden acceder a un crédito.

La localidad de Tula, en la madrugada del martes 7 de septiembre, quedó bajo el agua, tras el desbordamiento del río Tula, hubo zonas en las que la inundación alcanzó acumularse hasta una altura de 2 metros de agua. Aquí la negligencia humana fue por demás evidente, pues al buscar disminuir el nivel de las presas, se abrieron las compuertas y se incrementó el caudal de los ríos y drenes que traviesa por el Valle del Mezquital, causando su desbordamiento y afectando más de 31 mil familias. Con la agravante, de que se trataba de aguas negras, por lo que además de la inundación, se generó una contaminación de alto riesgo para la población. Además, hay que señalar que la inundación ocasionó la pérdida de cosechas, afectando el sustento de cerca de mil 500 familias que habitan en la zona.

Debemos aprender, el cambio climático ha evolucionado a una crisis climática y los pronósticos de acuerdo con el último informe de Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC), presentado en el mes de agosto del presente año, indica que, la incidencia humana provocará un aumento en las precipitaciones intensas asociadas a los ciclones tropicales, así como en la variabilidad en las precipitaciones globales en la mayoría de las regiones terrestres, dentro de las estaciones y de un año a otro. Así que, las acciones hasta ahora suficientes, como limpieza de drenes o desazolve de canales, será insuficientes en un futuro próximo.

Se requiere que las autoridades garanticen no sólo que la mancha urbana no se extienda a zonas consideradas como de alto riego, ya sea por inundaciones, fallas geológicas, derechos de vía, etc.  Sino que, se generen planes y acciones para lograr la reubicación de aquellas familias que habitan en colonias que recurrentemente se inundan año con año. Previendo que, en un futuro cercanos, aumentará el riesgo por la incidencia de eventos climáticos y por la necedad que como sociedad tenemos de no respetar la naturaleza.