La elección en la que ver ya no será suficiente para creer

Miryam E. Camacho Suárez

México acaba de iniciar el proceso electoral 2026-2027. Y hay algo que cambió desde la última vez que votamos: la inteligencia artificial es hoy mucho más capaz de fabricar imágenes, voces y videos convincentes. Esta es una radiografía de dónde estamos, qué reglas tenemos y qué tan preparados estamos para distinguir lo verdadero de lo fabricado.

Hubo un niño que nunca existió, apareció durante las elecciones mexicanas de 2024 en propaganda del PAN. Parecía un menor como cualquier otro, pero su imagen había sido creada mediante inteligencia artificial.

El caso llegó al Tribunal Electoral. Primero, la Sala Regional Especializada consideró que su utilización vulneraba las reglas destinadas a proteger a niñas, niños y adolescentes y multó al partido con 16 mil 285 pesos.

Después, la Sala Superior llegó a otra conclusión: aquel niño no era una persona real y, por tanto, en las circunstancias del caso no estaban en riesgo la imagen, identidad o intimidad de un menor, por lo que revocó la resolución, pero ordenó al INE establecer mecanismos para verificar imágenes de menores creadas o modificadas mediante inteligencia artificial.

Dos años después, el 3 de septiembre de 2026, el INE modificó sus lineamientos e incorporó reglas específicas frente al uso de IA y deepfakes que involucren representaciones de menores, una semana antes de comenzar formalmente el Proceso Electoral Federal 2026-2027.

Esto explica bastante bien el momento en el que estamos: primero apareció una posibilidad tecnológica que las reglas no habían previsto; después los tribunales tuvieron que interpretarla; finalmente las reglas comenzaron a adaptarse.

Y mientras las reglas se adaptaban, la inteligencia artificial siguió avanzando y fabricar realidad cada vez fue mas barato.

En enero de 2024, días antes de las primarias demócratas de New Hampshire, algunos votantes recibieron una llamada, la voz parecía ser la de Joe Biden y les pedía no participar en aquella primaria, sin embargo Biden nunca hizo esa llamada.

El consultor político Steve Kramer reconoció haber organizado la operación utilizando una voz clonada mediante inteligencia artificial. Según declaró posteriormente, la maniobra completa costó alrededor de 500 dólares. La Comisión Federal de Comunicaciones terminó imponiéndole una multa de seis millones de dólares.

Y aunque este caso no demuestra que la inteligencia artificial pueda decidir una elección, si demuestra que fabricar algo convincente que nunca ocurrió se ha vuelto barato y accesible.

Puede ser una fotografía, una llamada, un audio de WhatsApp, una declaración inexistente o la supuesta voz de una autoridad dando una instrucción, y aunque no significa que automáticamente vayamos a creerlo, sí cambia la cantidad, velocidad y costo con los que puede producirse contenido falso.

En medio de todo esto, no podemos decir que México llega indefenso a esta elección.

Desde las elecciones federales de 2017-2018, el INE opera Certeza, un proyecto para identificar y responder a información falsa o engañosa relacionada con los procesos electorales, funcionando de manera interminente en las elecciones posteriores. En marzo de 2026, el INE, lo convirtió en un programa institucional permanente que contempla también fenómenos como los deepfakes.

Y este mismo año ocurrió un caso que explica perfectamente el problema y la forma en que este proyecto funciona, en julio circuló una supuesta fotografía de las instalaciones del INE. Mostraba un escenario de seguridad extrema y aparente presencia militar.

La imagen era falsa, y para confirmarlo el Instituto hizo análisis técnicos para identificar señales de generación con IA, pero también hizo algo mucho más sencillo: comprobó presencialmente cómo estaban realmente sus instalaciones.

Y esto resumen muy bien la situacion en la que nos encontramos, una máquina puede fabricar la fotografía de algo que nunca ocurrió y, para saber qué ocurrió realmente, todavía podemos necesitar que alguien vaya y mire.

Con esto aparece aparece quizá el dato más importante de nuestra radiografía. Crear una imagen puede tomar segundos, verificarla no.

Hay que localizar su origen, analizarla, contrastarla con otras fuentes y comunicar la corrección. Mientras todo eso sucede, el contenido original puede continuar circulando.

Por eso el problema no consiste solamente en que ahora existan mejores imágenes falsas, sino que ver y escuchar ya no bastan, por sí solos, para demostrar que algo ocurrió.

El INE ya incorporó esta realidad a sus recomendaciones para la cobertura de las elecciones de 2027. Pide a los medios transparentar cuando un contenido creado o modificado con IA pueda confundirse con una declaración, imagen, voz o hecho real y recomienda verificarlo con fuentes primarias antes de difundirlo.

Pero son recomendaciones, no obligaciones, y tampoco existe una prohibición general que resuelva todos los posibles usos de deepfakes durante una elección. Tenemos reglas para determinados casos, decisiones judiciales, mecanismos de verificación y normas que comienzan a incorporar la inteligencia artificial.

Entonces, México inicia este proceso electoral con una inteligencia artificial mucho más accesible para producir imágenes, voces y contenidos sintéticos, y con instituciones que ya han tenido que resolver situaciones que hace pocos años ni siquiera estaban contempladas.

Y aunque nada de esto demuestra que la IA vaya a decidir las elecciones de 2027, tampoco significa que debamos confiar o desconfiar de todo, aunque si aclara algo importante: durante mucho tiempo, ver y escuchar fueron dos de nuestras principales maneras de comprobar que algo había ocurridoahora necesitamos algo más: saber quién publica, de dónde viene el contenido, cuál es la fuente original y qué otros elementos confirman lo que estamos viendo.

Faltan más de ocho meses para el 6 de junio de 2027, ésta es nuestra fotografía de salida.

Cuando termine la elección podremos volver a mirarla y descubrir qué evolucionó más rápido, si nuestras preocupaciones, nuestras reglas o la propia inteligencia artificial.