
El Derecho a la Ciudad
INICIO DE CLASES, REGRESO AL TRÁFICO
Salvador García Espinosa
Esta semana inició el ciclo escolar para los alumnos inscritos en los niveles de educación primaria y secundaria, aunque si bien los estudiantes de preparatoria y licenciatura ya han comenzado clases con anterioridad, esta semana será notorio el incremento en el tráfico vehicular, tangible en la saturación de las vialidades, el congestionamiento de algunas zonas de la ciudad y el consecuente incremento en los tiempos de traslado.
La mayoría de los planteles educativos se ubica sobre vialidades importantes que, durante la hora de entrada o salida, concentran decenas de automóviles de padres de familia que invariablemente quieren dejar a sus hijos en la puerta del plantel, o de las unidades de transporte público, que también cumplen con su función de llevar a los escolapios por los diferentes centros escolares de la ciudad. Todo esto propicia que las vialidades del entorno inmediato a las escuelas se saturen a grado tal que, lo más lamentable del caso, es que, aunque no tengamos como destino una escuela, resulta poco menos que imposible evitar pasar por dichas calles y eso incrementa significativamente los tiempos de traslado.
Pareciera que la necesidad de llegar a clases les diera el derecho a los planteles educativos, de apropiarse de las calles aledañas, para reservarlas para el uso exclusivo de los padres de familia. En algunos planteles, este ascenso y descenso de alumnos genera una, dos y hasta tres filas de autos semi-estacionados, sin que ninguno de sus conductores se preocupe por la congestión que ocasiona obstaculizar la fluidez vial de la ciudad. Al menos hasta que cumple su objetivo, porque una vez que dejan a su hijo en la escuela, les urge que se agilice la circulación para ir a su próximo destino.
A lo anterior hay que sumar las unidades de transporte público, que compiten por acaparar pasaje, por lo que pueden permanecer frente a la escuela por varios minutos, mientras descienden los pasajeros, o bien, esperan a que sea la hora de salida. Y no debemos de olvidar la contribución que a la congestión vehicular hacen los puestos de alimentos preparados que se instalan en las inmediaciones de los planteles educativos, y todo en conjunto frena la fluidez vial de la ciudad.
La realidad es que aún y cuando sabemos que a determinadas horas algunas vialidades se encontrarán saturadas, la ciudad carece de una estructura vial que permita generar alternativas de traslado para evitar la saturación de las avenidas. Ante esta situación la solución a mediano y largo plazo sería la realización de obras vehiculares, suficientes para conectar una serie de calles que ahora se encuentran desconexas, y no permiten garantizar el funcionamiento óptimo de las vialidades.
A corto plazo, sería necesario revisar cada plantel educativo de la ciudad y diseñar una estrategia en conjunto, autoridades educativas y dependencias responsables de tránsito y vialidad, así como de transporte público, con el propósito de garantizar la fluidez vehicular y la seguridad de los alumnos. En algunas ciudades, el cambio de horarios en entradas y salidas ha resultado de mucha utilidad, así como el modificar accesos de entrada y salida.
Salir con un poco más de tiempo, a fin de permitir estacionarse en las inmediaciones de la escuela y acompañar caminando a nuestros hijos a la escuela, puede reducir significativamente el tiempo de traslado. Otra alternativa es compartir automóvil. Si cada una de las familias se responsabilizara de llevar a un vecino a la escuela, se reduciría al 50% la cantidad de autos que lleguen a la escuela. Está en todos nosotros contribuir a mejorar la fluidez vial de la ciudad en que vivimos y con ello la contaminación ambiental.




