“Ciudad y pandemia”, el tema del Dr. García Espinosa en El Derecho a la Ciudad

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EL DERECHO A LA CIUDAD

CIUDAD Y PANDEMIA

Salvador García Espinosa

A propósito de la pandemia del Covid-19, que vivimos actualmente, resulta propicio recordar aquel ilustre médico guanajuatense de nombre Eduardo Liceaga que estando al frente del la Comisión de Epidemiología en México, ante la amenaza que representaba la epidemia de cólera iniciada en Europa y, para impedir la entrada a Méxic, recomendó, en 1886, el cierre del Puerto de Veracruz, ante los reclamos de los afectados por lo que esto representaba para el comercio, el presidente de México Porfirio Díaz, pido explicaciones al Médico y como consecuencia de la entrevista, se ampliaron las restricciones y se cerraron todos los puertos de México, así como los cruces fronterizos del norte.

Es indudable que la cercanía y confianza que Porfirio Díaz tenia en el Dr. Liceaga, fue pieza clave no sólo para que se promulgará el primer Código Sanitarioque, ubicó a México como el primer país en América Latina en este tipo de legislación, sino que explica en gran medida porque en la Constitución de 1917, se estableció en el Artículo 73 que el “Consejo de Salubridad General dependerá directamente del Presidente de la República, sin intervención de ninguna Secretaría de Estado, y sus disposiciones generales serán obligatorias en el país… En caso de epidemias de carácter grave o peligro de invasión de enfermedades exóticas en el País, el Departamento de Salubridad tendrá la obligación de dictar inmediatamente las medidas preventivas indispensables.”

Sin duda que, hoy la situación es completamente distinta, la pandemia actual ha provocado, además de incuantificables muertes, la necesidad de pensar y repensar muchas de las cosas que consideramos inherentes al modelo de desarrollo que seguimos. La muestra más evidente es que las medidas sanitarias no resultan suficientes, pues las preocupaciones por cuestiones económicas o políticas, compiten por los titulares informativos. Poco se habla de la CIUDAD, pero el Covid-19 puede calificarse como un virus urbano, cuyo impacto, cambiará la forma en que observamos la ciudad y por ello invita a la reflexión de varios temas al respecto.

Consideramos que se trata de un virus urbano, pues desde su origen en Wuhan, China, una ciudad de 11.5 millones de personas, su expansión se ha desarrollado a partir de las principales ciudades del mundo y, de forma importante no sólo en las de mayor población, sino las de mayor densidad poblacional, es decir, aquellas ciudades que, como Nueva York, se caracterizan por ser habitadas por miles de habitantes por kilometro cuadrado. La propagación misma del virus a seguido una gran similitud con la lógica de la globalización comercial, inicia en China, luego se propaga a Europa y de ahí al Continente Américano. En todos los países los primeros casos corresponden a las ciudades de mayor apertura comercial y conectividad.

En el caso de México y en prácticamente toda Latinoamérica, se observa que el contagio no responde al criterio de incidencia por grupos de edad que se presenta en Europa, hasta ahora, a mostrado un comportamiento vertical, que corresponde a la estratificación socioeconómica prevaleciente en nuestras ciudades, pues los primeros casos denominados “importados” se trataron de gente que viajó al extranjero, principalmente a Europa, por lo que se le asoció a personas de altos ingresos económicos. Después, la segunda etapa comprendió casos de personas cercanas, incluyendo familia, médicos, vecinos y compañeros de trabajo, es decir sectores medios y la última fase, que es la que enfrentaremos en las próximas semanas, será la del contagio comunitario que, según pronósticos, incidirá mayoritariamente en sectores populares y de bajos ingresos.

Hay múltiples explicaciones de lo anterior, pero desde una perspectiva urbana, se ubica como causa que incidirá en la propagación, las desigualdades que históricamente existen en la ciudad, hoy no sólo se hacen evidentes, sino que propician una mayor segregación socioespacial de los habitantes en la ciudad, que se traducen en una deficiente accesibilidad de servicios y equipamientos básicos, de forma significativa la disponibilidad de agua potable y el acceso a servicios de salud. El “quédate en casa”, inició por marcar una clara diferencia entre los que pueden permanecer en su casa y aquellos que están obligados a trabajar para ganar su sustento diario. Pero a todos por igual, nos ha permitido enfrentar incomodidades del hogar, pues en muchos casos se paso de una vivienda para dormir, a una para habitar, con todo lo que esto representa.

Llama poderosamente la atención que la ciudad es la expresión urbana donde se propicia el encuentro y convivencia social, además de buscar la apertura comercial con el contexto planetario y que las primeras acciones ante la pandemia, fueran precisamente romper la interacción con otras ciudades y propiciar el aislamiento de sus habitantes.

Resulta muy prematuro aventurar los cambios que propiciará en el futuro de las ciudades, la actual pandemia, lo cierto es que no debe seguir igual, pues la ciudad ha sido, históricamente el escenario de intersección del diseño urbano y la salud pública. Pero sin lugar a dudas que un tema ineludible serán los riesgos asociados a la densificación, además que propuestas como la denominada “ciudad de 15 minutos”, que busca un entorno en el que cualquier ciudadano pueda conseguir lo que necesite en un máximo de 15 minutos andando o en bicicleta, serán revalorados, pues rompen los esquemas de la ciudad mono funcional y apostando por una ciudad policéntrica. Se trata de un enfoque para ofrecer a los residentes de cada zona, un entorno cercano, saludable y con tiempo para satisfacer las seis funciones sociales esenciales: vivir, trabajar, abastecer, cuidar, aprender y disfrutar.

En lo personal, considero que llegó el momento de olvidarnos de planificar la ciudad y comenzar a planificar la vida urbana de los habitantes de la ciudad.