PUNTO DE ENCUENTRO

Vivir en pareja/Por: Julio Ibarrola Jr.

Uno de los fenómenos sociales cada vez más propagados o de moda en el colectivo social, del mundo moderno de hoy, es el hecho de vivir en pareja. Y he aquí, nuestro punto de encuentro; no lo tratado desde algún punto de vista ideológico o doctrinario sino, bajo la perspectiva meramente de convivencia social e independientemente si se está o no casado, si se es homosexual o heterosexual o de amigos o hasta de simplemente: “roomie”, esto no importa.

Porque vivir en pareja conlleva ciertas características sin el distingo del régimen de convivencia bajo el que se viva. Es el encuentro de al menos 2 personas que se eligen para “acompañarse” en la vida de manera libre y voluntaria, ya sea por un tiempo determinado a modo de prueba o indefinidamente.

Y aquí es donde me permito comentar algunos aspectos o tips a efecto de ayudar a una mejor toma de decisión y/o convivencia; no con el afán de aguadarle la fiesta!. Mientras más razonada sea la decisión, mayormente se alcanzará lo que se buscaba.

Es por ello que se recomienda entre otras cosas más:

  1. Hacer un examen respecto a que es lo que busca, se pretende, se desea, etc. al vivir no solamente sólo –de manera independiente-, sino en pareja: es acaso para recibir o tener aquello que creo que me hace falta? Como sentirse acompañado, tener con quien tener seguridad, protección, compartir gastos, compañero(a) de parranda desmesurada, etc.? aporta algo a la felicidad que ya tengo o es lo que me falta para tenerla? es lo que me hace falta para crecer para persona?
  2. Has una introspección en ti mismo: te conoces lo suficiente? Eres consciente de aquello en lo que aun te falta superar o mejor para ser una mejor persona? Estás dispuesto a poner el empeño en ello?
  3. En función de lo anterior, que tanto se conoce a quien será su pareja y compañero(a) de vida? Porque suele uno sobre dimensionar los atributos de la otra persona antes de y, después de, se magnifican los errores o deficiencias de ésta, conllevando a una fuente inagotable de discusiones y desencuentros que pueden ser fatales para la relación; olvidándonos que nadie está hecho a imagen y semejanza uno del otro. Y lo que menos ha de buscarse –y es lo usual- es un “alma gemela” o una “media naranja”; nada más falso hay en ello. Porque algo que es gemelo o es la otra mitad, significa que ambos son exactamente iguales, luego por lo tanto qué se abona a la vida o felicidad de uno como persona. Desde luego que hay que tener un mínimo de afinidades, el resto, ya lo hará el entendimiento en el amor, educación, comprensión, etc.
  4. Ser humildes, es decir, estar dispuestos a recibir positivamente aquellos comentarios que nos señalan como áreas de oportunidad para mejorar; pero, también hay que saber darlos de manera respetuosa, amorosa. Porque en la convivencia del día a día irán saliendo un sinfín de detalles y de experiencia de vida anteriores e incluso de otras parejas! o de nuestros padres, o relación con nuestros hermanos o amistades, etc. y que nos guste o no nos guste, forman parte tanto de la vida de uno como del otro y nos han dejado huella de alguna manera. Y lo importante es encontrar y definir las coincidencias que nos resultan complementarias, las reconciliables y las que de plano son inaceptables para alguna de las partes. Y, por ende, conversarlo. Platicarlo y platicarlo y acordar.
  5. No caer en el desencanto, porque trae a pique la relación si no se ha tenido conocimiento de lo anterior. Es natural que la percepción que se haya tenido de la otra persona cambie y que uno pueda decir es que ya no me quieres, es que eras más limpio, es que me decías que te gustaba esto, es que ya no esto o aquello. Esto sucede cuando de plano se sobredimensionó a la persona y nos quedamos viviendo un estado fantasioso, o que no tomamos en cuenta que la vida es dinámica, evoluciona, no es estática luego por lo tanto las personas no pueden permanecer siempre iguales y nunca se platicó para ir más o menos a la par.
  6. Empezar de cero, nos referimos a que es mejor vivir en un lugar neutro, nuevo para ambos para que despierte la ilusión y entusiasmo por formar ese hogar. No siempre se puede por la limitación económica que pueda haber o porque se ha decidido probar en el inicio si la relación funciona. Cuando alguna de las partes ya vivía solo, es cuando suele haber problema. Porque el que se va a vivir a donde vive el otro, puede dificultársele su proceso de adaptación por diferentes motivos: no se genera identidad con el lugar por sentir que no es suyo, que todo está ya hecho, porque siente que está invadiendo “propiedad privada” y eso no le genera confianza, comodidad ni motivación. Y la otra persona, la de la casa, se incomoda porque tiene que abrir espacios y reorganizarse, se llega a sentir hasta cierto punto invadido y consciente o inconscientemente comienza a dictar las reglas: aquí estoy acostumbrado a….. aquí va esto y aquello, aquí esto se hace así…, etc. Y es natural porque quien vive ya ahí, tiene un modo y estilo de vida hechos y hasta sus propias rutinas: hasta para ducharse! Y, ahora hay que reorganizarse y eso implica cambiar, ceder, etc.
  7. Definir gastos y manejar las finanzas: cuando ya se vive en pareja, el dinero ya no se invierte en la pareja en cuestión de ocio y esparcimiento solamente. ¿Quién paga qué? Es importante definirlo, es decir, que gastos hay y como se repartirán para cubrirlos independientemente de las posibilidades de cada quien. Distribuirse y organizarse en las labores propias de la casa y la convivencia.
  8. Estar dispuestos a renunciar a algunas cosas y eso no significa que se pierde libertad; si no que hay cosas que tendrán que dejar de hacerse en virtud del compromiso adquirido o bien, de manera diferente pues ya no se está solo!

Lo que hay que encontrar, son aquellas cosas donde se coincide y sean éstas, los puntos de inflexión donde podamos construir una sólida y armoniosa relación en el vivir en pareja.

Vivir en pareja, es elegir recorrer el camino de la vida en la misma locomotora, en el mismo vagón pero sentado uno al lado del otro y no encimados; respetando así su espacio e individualidad.

 

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