ZACÁN (Los Reyes), Mich.- 3 de noviembre de 2018.- Cada una de las comunidades de la región purhépecha, tiene sus tradiciones muy propias, difiere una de otra, tanto de la zona lacustre, Ciénega de Zacapu, Cañada de los Once Pueblos y la Meseta; sin embargo, en el fondo, el misticismo es el mismo, el del reencuentro con las almas de los que se han ido y de satisfacer aquello que más les gustaba.

 

Zacán no es la excepción, los altares en casa de aquellos que se nos han adelantado de este mundo y la visita de Los Soldaditos de Dios por la noche; nacatamales y música. Pero durante el día, el panteón del lugar, literalmente es un jardín multicolor, un centro de convivencia familiar y donde se reencuentran con las almas de sus seres queridos.

 

El dos de noviembre, fue una mañana nublada y fría; no pintaba bien. La misa a las 10 de la mañana en el camposanto no estuvo tan concurrida por otros años.

 

El párroco hizo algunas reflexiones en su homilía.  El panteón es un lugar de reposo y de tristes recuerdos; pero también un día de fiesta ante las tumbas de los seres queridos.

 

Pero también hay tumbas olvidadas, difuntos que nadie los recuerda, en contraste con otras que están llenas de flores; a su paso, deberían dejar una flor en ese lugar en aparente abandono. Recuerden, la muerte es lo más natural de un ser vivo y en su camino, hay que dejar cosas buenas.

 

Frente al panteón, venta de comida y bebidas; en interior, la música ante las tumbas del ser querido en torno a la reunión familiar; en esta ocasión predominaron las orquestas que interpretaron muchos sones y abajeños. Varias de las obras de compositores de Zacán cuyos restos yacen en este lugar. Aunque el Dueto Zacán y el grupo de Chamé, como caña año, cumplieron el ritual.

 

Pero retornemos unas horas, a la víspera, a la casa donde “hicieron ánimas”, donde familiares, amigos y ahijados de la persona que ha fallecido el año reciente, se preparan con leña y comida para cientos de personas que han de asistir. Enormes tinas donde cuecen los tradicionales nacatamales.

 

Es la noche de los fieles difuntos y todo mundo espera la llegada de Los Soldaditos de Dios que habrán de danzar al compás de la música de la banda Zacanense.

 

Es una cuadrilla de doce jóvenes, un comandante y dos capitanes, lo conforman los más raídos, los más fuertes y los más intrépidos del pueblo. Tienen que ser con estas cualidades ya que en su camino habrá muchos tropiezos que tendrán que sortear.

 

Los soldaditos es una figura representativa de las almas zacanenses que siguen un camino para el reencuentro con sus seres queridos. Como todo grupo militar, pues necesitan armas, y en este caso son arotes, es decir, cañuela de maíz que semejan un arma larga.

 

¡Cuéntense!, dice el comandante; ¡números!, les pide el capitán, mientras se alistan a recorrer algunas calles del pueblo en medio de la oscuridad de la noche, hasta llegar a la casa del reciente difunto. Danzan frente al altar y luego le rinden reverencia en señal de respeto.

 

Los Soldaditos comen y beben lo que se les ofrece. Mucha gente ha llegado a llevar alguna ofrenda de fruta que se coloca en el altar donde se han instalado, además, fotografías del difunto, los artículos o herramientas que utilizaba, dependiendo del oficio o profesión que desempeñó en vida.

 

Aquí, el ejemplo que tomamos, es J. Guadalupe Medina Alfaro, un maestro de música de Misiones Culturales durante 50 años; en lo alto del altar, una partitura sobre un atril, un saxofón y un clarinete; un sombrero de palma con un martillo y una garlopa, ya que también hacía trabajos de carpintería. Fruta, mucha fruta y pan, bebidas y algunos reconocimientos enmarcados.

 

Esto es una tradición que sigue más viva que nunca en esta emblemática comunidad de Zacán, considerada el epicentro de la cultura purhépecha.

RED 113 MICHOACÁN/Lamberto Hernández Méndez