La tecnología cada vez más nos facilita y nos permite mejor nuestra calidad de vida, así como también el ambiente en donde habitamos, es por eso que Fenómenos como la deforestación o la proliferación de basura en áreas campestres son perceptibles de forma inmediata, sin embargo, no es tan fácil apreciar el deterioro de los fondos marinos. La devastación de las praderas de posidonias o la aniquilación de los arrecifes de coral son solo algunos ejemplos. De hecho, recientemente se comprobó que había restos de plástico en el fondo de la fosa de las Marianas, el lugar más profundo de nuestros océanos. Por ello, desarrollar tecnologías que faciliten la monitorización de la salud marina es una prioridad ineludible. Si hace poco vimos un ejemplo de pez robótico, esta vez examinaremos el potencial de una nueva tecnología autónoma: las medusas robóticas.

Los investigadores del Departamento de Ingeniería Oceánica y Mecánica de la Universidad Atlántica de Florida (FAU, por sus siglas en inglés) tenían como objetivo desarrollar un dispositivo tecnológico extremadamente versátil y flexible que pudiera acceder a pequeñas cavidades submarinas. A la hora de buscar animales y organismos acuáticos que sirvieran como inspiración, pronto les vino a la cabeza el ejemplo de las medusas. Por un lado, poseen una vejiga natatoria que les permite utilizar el agua marina para controlar la profundidad a la que se desplazan y, por otro, cuentan con tejidos blandos de gran interés a la hora de desarrollar un prototipo flexible. Los científicos de la FAU partieron de este modelo para desarrollar cinco dispositivos con diversos grados de rigidez con el objetivo de acceder a espacios vedados a otras tecnologías.

El punto de partida fue un diseño fabricado mediante impresión 3D.  Cada modelo cuenta con ocho tentáculos inspirados en la medusa luna o sombrilla. A su vez, cada tentáculo tiene un canal que se extiende desde el centro del robot y utiliza un sistema de propulsión hidráulica, con cuatro de ellos conectados a cada lado de la máquina. Así, la medusa robótica puede moverse en una dirección solo con el impulso de cuatro de sus tentáculos. La disposición de los propulsores permite que el robot gire, ascienda, descienda o avance. Por último, también se imprimió en 3D la carcasa cilíndrica central que incluye los microcontroladores y la batería.

Gracias a las siliconas empleadas en su fabricación, estos robots biomiméticos pueden introducirse en cualquier rincón de un arrecife de coral y examinar el estado en el que se encuentra.

El siguiente objetivo consiste en añadir una serie de sensores de entorno basados en tecnología sónarque permitan al dispositivo determinar el espacio que posee a su alrededor.

Si la preservación de estos ecosistemas submarinos es un avance, no lo es menos la aplicación de técnicas de impresión 3D para restaurarlos. Esta es la estrategia de la empresa Reef Design Labs, que está instalando arrecifes cerámicos creados por medio de impresión aditiva en lugares como el Caribe o las Maldivas. Los responsables de este innovador proyecto tecnológico sumergen las estructuras con fragmentos de coral vivo, con la idea de que estos organismos los colonicen con el paso del tiempo. En última instancia, atraerían algas y peces para formar nuevos ecosistemas. Además de una rica fauna, si un día te da por bucear en las islas Maldivas te encontrarás con el arrecife de coral artificial más grande del mundo.

Con información de : I’ MNOVATION

Fuentes: Techxplore, National Geographic