La propaganda que nadie reconoce como suya

Brasil acaba de mostrar que el problema de la inteligencia artificial en las elecciones no termina en los videos falsos. También está en descubrir quién los produce, quién se beneficia y quién responde por ellos. México se prepara para enfrentar ese desafío en 2027.

Un periodista aparece en televisión anunciando los resultados de una encuesta electoral. Su rostro es conocido, su voz resulta familiar y todo parece auténtico.

Sólo que ese periodista nunca dijo lo que estamos escuchando.

Esto ocurrió en Brasil durante la campaña presidencial de 2026. Circularon videos creados con inteligencia artificial en los que periodistas anunciaban encuestas inexistentes y celebridades aparentemente apoyaban candidatos sin haberlo hecho.

Una investigación de Agência Lupa identificó 920 publicaciones electorales creadas o modificadas con IA entre el 16 de agosto y el 28 de septiembre. De ellas, 554 simulaban imágenes o voces de personas reales y prácticamente seis de cada diez no advertían que habían sido generadas o alteradas con inteligencia artificial.

Lo sorprendente es que Brasil ya tenía reglas para identificar este tipo de propaganda.

Pero hay un dato todavía más interesante: la mayor parte de esos contenidos no provenía de las cuentas oficiales de partidos o candidatos, sino de usuarios, simpatizantes y perfiles cuyo origen no siempre podía establecerse.

Esto plantea un problema: un candidato puede beneficiarse de un video engañoso sin que necesariamente haya participado en su creación. ¿Quién lo produjo? ¿Quién lo pagó? ¿Fue una iniciativa individual o parte de una campaña organizada?

Durante las restricciones alrededor de la votación del 4 de octubre, Agência Lupa detectó otras 64 publicaciones con contenido sintético. Sólo tres provenían de cuentas oficiales de candidatos y, al concluir la investigación, 61 seguían disponibles en internet.

Estas cifras corresponden a los contenidos identificados por los investigadores, no a toda la propaganda brasileña, y no demuestran que la IA haya cambiado los resultados electorales.

Pero sí muestran algo importante: aprobar una regla, detectar su incumplimiento y conseguir que se cumpla son cosas muy diferentes. ¿Y qué sucede en México?

El 7 de octubre de 2026 entraron en vigor nuevas disposiciones del Instituto Nacional Electoral sobre el uso de inteligencia artificial en propaganda que representa a niñas, niños y adolescentes. El acuerdo establece obligaciones para documentar cómo se crean o modifican determinadas imágenes, pero no constituye una regulación general de todos los contenidos electorales fabricados con IA.

Eso tampoco significa que el INE esté indefenso. Ya puede investigar posibles infracciones electorales y, cuando existe fundamento legal, ordenar medidas para retirar determinadas publicaciones. Además, cuenta con el programa Certeza, que verifica información relacionada con las elecciones y desmiente contenidos falsos o manipulados.

Sin embargo, no puede eliminar cualquier publicación simplemente porque sea falsa o utilice inteligencia artificial. Debe existir una posible infracción electoral y respetarse la libertad de expresión. Una caricatura política, una fotografía fuera de contexto y un video que atribuye declaraciones inexistentes a una persona no son situaciones equivalentes.

De aquí a las elecciones mexicanas del 6 de junio de 2027 todavía habrá otros procesos electorales, entre ellos la segunda vuelta presidencial de Brasil, si corresponde, y las elecciones legislativas de Estados Unidos en noviembre. Serán una especie de laboratorio para observar cómo circula esta propaganda, qué medidas funcionan y cuáles resultan insuficientes.

Mientras tanto, México tiene preguntas concretas por resolver: ¿qué ocurrirá cuando aparezca un video falso desde una cuenta anónima? ¿Cómo se demostrará si existe alguna relación con una campaña? ¿Y qué sucede cuando el contenido ya fue compartido miles de veces antes de que una autoridad determine que debe retirarse?

Brasil nos está mostrando que la dificultad no consiste únicamente en identificar una imagen falsa. También está en descubrir quién la hizo circular, determinar si violó alguna regla y conseguir que las medidas correspondientes se cumplan.

Porque en una democracia no basta con saber que alguien está intentando convencernos. También importa saber quién está hablando realmente y quién debe responder cuando se utiliza el engaño para influir en una elección.