En la señorial Morelia, Michoacán, en México, hay un sin fin de leyendas que le dan un aire místico y misterioso, como la historia tenebrosa suscitada justo en la calzada de Fray Antonio de San Miguel, mejor conocida como la calzada de San Diego (calzada que llega al santuario de la Virgen de Guadalupe). En ese lugar hay hermosas mansiones señoriales y de la colonia, rodeadas de frescos fresnos y plantas, con bancas de cantera rosada y la vista del Santuario Guadalupano. En aquella Calzada, hay una casa roja a primera vista de la entrada a ésta calzada, pero no es una casa cualquiera, pues en esta casa cobra vida la leyenda de la mano de la reja.

En aquel entonces, en esta casa habitaba un hidalgo tan noble como el Sol y tan pobre como la luna, sus abuelos allá en la madre patria, habían hospedado en su casa a don Carlos V y a don Felipe II, su padre había sido real trinchante, camarero secreto y guardia de corps de don Felipe V, el cual tuvo que quedarse a vivir en este rincón de Valladolid (hoy Morelia), él se llamaba Juan Nuñez de Castro, persona con más sangre azul que otros. Venían de España él, su esposa Margarita de Estrada y su hija única doña Leonor.

Doña Margarita era su segunda esposa, la cual hablaba tan ronca como un sochantre. Su pupila azul parecía nadar en un fluido de luz gris dentro de un cerco de pestañas desteñidas. La nariz roja y curva como de águila le daba el aspecto de haber sido en su tiempo gitana de pura sangre. Era rabiosa, más que un perro y furibunda como pantera.
Margarita no quería a su hijastra Leonor. Leonor era una rubia hermosa, blanca como las nubes y con ojos azules como del color del cielo despejado. Era una señorita amable y cariñosa. Como don Juan Castro era comerciante, siempre estaba en Filipinas y España, cosa que lo obligaba a dejar a Leonor, su hija, con doña Margarita de Castro. Leonor no hablaba muy seguido con Margarita, y muchas veces estaba siempre en el balcón de su habitación. A escondidas de su madrastra, ella curaba las rodillas y las heridas a los fieles que iban al Santuario Guadalupano, cosa que hizo que la llamaran “el ángel de San Diego”.

La calzada Fray Antonio de San Miguel en la imagen al fondo el templo de San Diego. Foto Alan Ortega. La Jornada Michoacan

Una tarde, pasó un capitán por su ventana y se quedó a hablar con ella, pues pensaba que era bondadosa y noble. Ella salía a hablar con él a escondidas de la madrastra que dormida estaba. Leonor cerraba la puerta de su habitación y salía a donde se quedaban de ver, y el capitán ponía a un encargado de disfrazarse de fantasma y asustar a la gente que pasara cerca, para que no pudieran contarle a doña Margarita.

(Video tomado de Youtube de la cuenta Inguezu)

Un día, éste le propuso matrimonio a Leonor, y Leonor quería contarle a su papá, el cual no estaba. Doña Margarita se enteró que éstos se veían a escondidas, y llena de ira decidió tomar del brazo a Leonor, encerrarla en el sótano con llave y dejarla ahí. Margarita no tuvo piedad y la dejó ahí encerrada, prohibiéndoles a los trabajadores dejarla salir o alimentarla. Leonor, con demasiada hambre, sacaba la mano para pedir un pedazo de pan a la gente que por ahí pasaba. Doña Margarita se enteró y le prohibió a la gente darle de comer a Leonor.

Tiempo después, regresando Margarita de un viaje, quizo ver qué había pasado con Leonor, pues estaba preocupada y cuando abrió la puerta de su habitación, estaba muerta y en descomposición.

Doña Margarita fue encarcelada, y el capitán dio órdenes de que vistieran a Leonor de novia, para casarse con ella y después llevarla a enterrar al Santuario de la Virgen de Guadalupe.

Cuentan que si te recargas por un tiempo en ésta ventana, sientes que te jalan el pantalón y escuchas la voz de Leonor pidiéndote de comer. Se dice que a veces, en la noche, se ve una mano saliendo de ésta ventana.

 

Tomado del siguiente blog: www.leyendas-historias-y-datos-curiosos.blogspot.com

Fotografía de portada de Alan Ortega, de La Jornada Michoacan

Fotografías del cuerpo de la nota, tomadas de la web