Ciudad de México, a 05 de marzo de 2018.- En algunas mujeres, los cambios hormonales y físicos, así como la responsabilidad de una nueva vida, pueden conducir a una depresión posparto, que suele aparecer días o semanas después del alumbramiento y es similar al trastorno depresivo mayor, caracterizado por la pérdida de interés en las actividades.

Esta situación afecta a una de cada diez madres y cerca del 30 por ciento de las primerizas experimenta depresión y/o ansiedad, que puede agravarse si no se recibe el tratamiento adecuado.

Una de cada dos madres se siente desanimada y con tendencia al llanto en el tercer o cuarto día después del parto. Esto suele durar desde unas horas hasta un par de días y luego desaparecer, sin embargo, cuando se tiene depresión posparto la situación empeora con el paso de los días.

La mujer afectada siente culpa y evita pedir ayuda por el temor a ser considerada una mala madre. En casos extremos, no manifiesta interés por su bebé y se muestra incapaz de cuidar de él.

Los casos más graves pueden convertirse en una psicosis con pérdida del sentido de realidad, como ver o escuchar cosas que no existen, así como tener creencias falsas.

Con el tratamiento adecuado y apoyo de la familia, la mujer logra recuperar su estado de ánimo, se siente nuevamente capaz de brindar cuidados y disfrutar de la maternidad.

La ansiedad también puede ser un síntoma de depresión posparto. Para algunas mujeres, sobre todo las primerizas, el embarazo, el trabajo de parto y la responsabilidad de criar un hijo pueden ser generadores de estrés.

En ocasiones, la ansiedad se expresa como miedo a quedarse sola con el bebé o preocuparse en exceso por lo que pueda sucederles tanto al niño como a ella.

La depresión y la ansiedad posparto pueden hacer que el hecho de ser madre se convierta en una experiencia negativa. Por ello, es importante detectarlas en etapa temprana para su tratamiento.

Fotografía de www.eldia.com