EL DERECHO A LA CIUDAD

La ciudad, un asunto de equilibrio ambiental, por Salvador García Espinosa

Cuando los adelantos tecnológicos hicieron posible incorporar el sonido al cine, surgió una preferencia por hacer todas las películas musicales, para hacer alarde del sonido a través de considerar a los cantantes y bailarines como los mejores artistas; con el tiempo se recobro el interés por las películas con mejores argumentos, ya fueran de carácter históricos, de suspenso o acción y aunque continúan hasta la fecha las musicales, se logro, por así decirlo un equilibrio después de la novedad que representaba el sonido.

Un proceso similar ocurrió cuando el cine paso de blanco y negro a la policromía, los vestuarios de los actores se convirtieron en el vehículo idóneo para la moda del color, así las películas eran admiradas más por la fotografía y colorido, que por sus argumentos; con el tiempo, la sociedad se acostumbro, por así decirlo, al color y se llegó a un equilibrio cromático.

A diferencia de los anteriores ejemplos, hoy en día, lo vertiginoso de los adelantos tecnológicos ha disminuido nuestra capacidad de asombro, más aún, en muchas ocasiones, ante  la novedad de un aparato electrónico, no logramos completar el proceso de asimilación para llevarlo a la cotidianeidad, cuando es sustituido por otro nuevo producto. En otras palabras “aprendemos sobre la marcha”.

Sin duda que algo similar acontece con los asuntos relacionados con la ecología, la preocupación por lo ambiental, no la hemos logrado asimilar del todo, pues aunque permea nuestro discurso cotidiano, pues cada uno de nosotros como individuos, comenzamos a incorporar conceptos y vocabulario relacionado con la problemática ambiental, como sustentabilidad, cambio climático, efecto invernadero; la realidad es queno logramos modificar patrones de consumo. A lo más, incorporamos infinidad de productos que se nos presentan bajo etiquetas de “ecológicos”, “sustentables”, “amigables con el ambiente”; aunque a veces se trate de formatos por demás absurdos, como cuando a los taxis en la Ciudad de México se les promocionó como ecológicos por estar pintados de verde.

De la noche a la mañana, nos percatamos de que nuestro modelo de consumo, resulta insustentable; pero no hemos hecho un “alto en el camino”, seguimos avanzando y sobre la marcha intentamos reflexionar y cambiar. La realidad nos indica que el cambio realizado es menor y no logra impactar nuestra realidad ambiental. Cada uno de nosostros, debemos asimilar que no podemos seguir viviendo con el modelo de consumo que actualmente tenemos. Las evidencias del fracaso del modelo de desarrollo basado en el consumo, son por demás evidentes: los desequilibrios ambientales, las desigualdades sociales, la brecha económica entre los cada vez, más rico y los cada día más pobres.

No se trata de seguir consumiendo la misma cantidad de bolsas de plástico en los supermercados, sólo que ahora busquemos que tenga la leyenda de “biodegradable”, para tener menor cargo de conciencia ambiental; se trata de eliminar el uso del pástico. Debemos racionalizar y disminuir el consumo de agua, de la energía, disminuir el uso indiscriminado del automóvil, aunque resulta utópico en ciudades como la nuestra dónde el transporte público es ineficiente y caro.

De forma similar al ejemplo del cine sonoro o a colores, debemos de encontrar un equilibrio permanente entre la ciudad y su entorno natural, no se trata simplemente de plantar árboles en cada jardín, sino de cambiar el modelo de crecimiento, evitando la expansión urbana, se debe redensificar, disminuir la presencia de predios baldios, que se propicie la generación de una ciudad compacta, en la que la prestación de servicios sea más eficiente.

Que el crecimiento de lo edificado, busque a su vez, incluir espacios verdes en todas las zonas de la ciudad, para garantizar un equilibrio entre lo urbano y el entorno natural que todos necesitamos. Áreas verdes de dimensiones significativas, contribuirian a minimizar los efectos de la contaminación, se propiciaría la captación de agua pluvial y que sobre todo, permitiría fomentar el desarrollo de actividades deportivas para los habitantes de la ciudad.

Debe de modificarse la práctica común de solucionar problemas, bajo la lógica de que todos pagamos por ello, debemos de crear sinergias en dónde el crecimiento de la ciudad sea un asunto dónde todo ganemos, propietarios, promotores, gobierno, pero sobre todo los ciudadanos.