Michoacán, México, 01 de noviembre de 2018.- El mes de Noviembre irrumpe en Michoacán con luz de veladoras y el naranja intenso del cempasúchil. Es la Noche de Muertos o de Ánimas, como la llaman los purépechas, una celebración de raíces indígenas y formas cristianas, declarada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Y es aquí, en esta región, donde se vive de manera auténtica e intensa.

Días antes los panteones se limpian y adornan con esmero. Junto a la Basílica de Pátzcuaro se instala un gran mercado de flores. Don Juan Tenorio se sube a los escenarios dePátzcuaro, Tzintzuntzan y demás pueblos. Hay desfiles y concursos de altares en las comunidades y ciudades. Michoacán está de fiesta.

Viajeros de todo el mundo llegan a vivir esta hermosa tradición. Unos se pasean por la plaza Vasco de Quiroga de Pátzcuaro, donde los artesanos de la región ofrecen sus cocuchas, rebozos, gabanes y cerámicas. Otros llegan a Capula, el pueblo de las entrañables catrinas, que estos días expone todo su arte en la famosa Feria de la Catrina.

Al llegar la noche los panteones cobran vida. En Tzintzuntzan, el ambiente es festivo desde el ex convento hasta el panteón. En Tzurumútaro y Cucuchucho la celebración es más reposada. También las islas celebran su fiesta. La Pacanda de manera íntima, Janitzio en ambiente más masivo y de fiesta.

En la noche más emotiva del año, los panteones parecen encantados. Las flores lo cubren todo. A la luz de miles de veladoras se reúnen familias en las tumbas de sus difuntos. En la visión del cosmos del pueblo purépecha la muerte es el paso a la inmortalidad. Por eso se llevan al difunto ofrendas de pan y dulces, también su platillo y trago favorito, para que esté feliz. Un día y una noche para recordar a nuestros seres más queridos con mucho amor.

Con información y fotografías de www.michoacan.travel.es