El Derecho a la Ciudad; por, Salvador García Espinosa #VideoColumna

789

EL DERECHO A LA CIUDAD

Salvador García Espinosa

En el año de 1967 el filosofo francés Henri Lefebvre publicó su libro El Derecho a la Ciudad, donde sistematizó un conjunto de postulados de análisis urbano, a propósito de los cambios que acontecían en las ciudades europeas de posguerra, en este libro explica que la industrialización generalizada de la sociedad le había quitado, a la ciudad, su carácter de obra construida socialmente.

La industrialización había masificado la producción de mercancías y llevado al predominio del valor de cambio sobre el valor de uso, lo que a su juicio hacia de la ciudad una mercancía.

Henri Lefebvre construyó su hipótesis de trabajo sobre el derecho a la ciudad como la posibilidad y la capacidad de los habitantes urbanos y principalmente de la clase obrera, de crear y producir la ciudad. Sintetizó en este derecho, el retorno de la clase obrera a la ciudad en calidad de productora del espacio y usufructuaria de su valor de uso. La experiencia urbana de la clase obrera y su cotidianidad no enajenada serían la fuente de las nuevas utopías urbanas.

Cuando se escribió sobre el derecho a la ciudad, las ciudades europeas pasaban por un periodo de reconstrucción urbana y económica. El Estado francés implementó las propuestas urbanistas de Le Corbusier, urbanista francés para quien la ciudad debería ser reconstruida desde un orden espacial geométrico y racionalista, capaz de regular el orden social urbano. En ese contexto Lefebvre inició una crítica a la sociología y al urbanismo basado en los principios formulados por los Congresos Internacionales de Arquitectura Moderna (CIAM). que planteaban la organización de la ciudad en funciones sociales compartimentadas (habitar, trabajar, consumir, educarse y distraerse), propiciando de manera definitiva a la fragmentación de la vida en común, dejando al capitalismo y al Estado al mando de las decisiones sobre la vida urbana.

Si bien Lefebvre reconoció que el capitalismo instrumentaliza el espacio para planificarlo y favorecer su reproducción, también consideró que es en el espacio donde surgen las posibilidades de transformación. Su insistencia en que el sujeto principal del derecho a la ciudad era la clase obrera, tuvo que ser modificada luego de los movimientos revolucionarios de 1968, a grado tal de considerar que había que reconocer la activa presencia de otros sujetos sociales no proletarios, como actores de la lucha por el derecho a la ciudad. Como escribió en 1974:

Hoy en día ya no bastan esas definiciones limitadas de la revolución. Una transformación de la sociedad supone la posesión y la gestión colectivas del espacio mediante una intervención constante de los “interesados”, con sus múltiples, diversos y contradictorios intereses.”

Poco antes de su muerte que aconteció en 1991, Lefebvre escribió un último artículo en el que planteó la amenaza planetaria que representaba la mundialización urbana neoliberal y vio en la globalización económica, financiera y tecnológica una amenaza pare el incremento de la desigualdad. La urbanización planetaria y la aún mayor mercantilización de la ciudad, a juicio suyo, reclamaban el ajuste de su propia teoría de la transformación revolucionaria del capitalismo, tal y como había sido formulada a finales de la década de 1960.

Hoy tenemos mayor crecimiento económico, expansión urbana y mejores condiciones tecnológicas para diseñar la ciudad. Sin embargo, los mecanismos de segregación espacial, el empobrecimiento de la experiencia urbana y la restricción de la participación y la democracia urbana dificultan el acceso a la ciudad a la mayoría de sus habitantes. Los reclamos sociales por vivienda, salud, seguridad, agua y demás aspectos básicos de la ciudad, son un indicador inequívoco de que la construcción de la ciudad demanda de nuevas formas de participación de la sociedad.

En este contexto, es que se buscó generar un espacio de reflexión en torno a la ciudad y dar evidencias de que la construcción de la ciudad es posible sólo con la participación de la sociedad en su conjunto, autoridades e individuos, en lo individual o colectivo, de forma consiente o inconsciente, voluntaria e involuntariamente. Así fue que hace 42 semanas asumimos el reto de compartir diversos temas y ópticas en torno a cuestiones urbanas, para dar evidencia de que nos son comunes a todos, no importando la actividad que desarrollemos o la ciudad que habitemos.

Como un sencillo homenaje a Henri Lefebvre, es que tomamos prestado el título del libro comentado, para darle sentido a esta columna. Esta es la razón, por la que, a manera de resumen, decidimos cerrar las publicaciones del 2019 con este tema. Agradecer el tiempo que amablemente destinaron a la lectura y desearles nuestros mejores deseos en estas fiestas decembrinas, esperando el próximo año, poder seguir compartiendo aspectos de éste inagotable tema de la ciudad.