Educación y Melchor Ocampo. El Dr. Salvador García Espinosa nos entrega esta reflexión

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El Derecho a la Ciudad

EDUCACIÓN Y MELCHOR OCAMPO

Salvador García Espinosa

El pasado 6 de enero se conmemoró el CCVIII aniversario del natalicio de Melchor Ocampo, uno de los más ilustres personajes del siglo XIX que, en buena medida, construyeron las bases del México actual. A dos siglos de distancia, el legado educativo y humanista del político liberal michoacano exige una reivindicación por parte de la comunidad nicolaita y, desde la clase política, una urgente suscripción de los postulados de democracia y de justicia social que impulsaba el prócer.

A Melchor Ocampo le bastaron tan solo 47 años de vida para dejar un extenso y significativo legado; en el ámbito político es indiscutible y muy conocida su ineludible participación en las denominadas Leyes de Reforma. Sin embargo, en materia educativa su mayor aporte fue la reapertura del Primitivo y Nacional Colegio de San Nicolás de Hidalgo.

Hay que recordar que el Colegio de San Nicolás Obispo, que fundó Vasco de Quiroga en 1540, había sido cerrado en 1810 por las tropas españolas, al considerar la amenaza que representaba el hecho de que ahí se formaría a jóvenes que siguieran el ejemplo de Miguel Hidalgo y Costilla, José María Morelos y Pavón o José María Izazaga, entre otros. Pero Melchor Ocampo, siendo gobernador de Michoacán y consciente del valor de las instituciones educativas, no sólo ordenó su reapertura, sino que advertía que debería de ofrecer las carreras tradicionales y estudios de todas las ciencias. Para ello proporcionó a la institución un telescopio y un microscopio, y fomentó la enseñanza del griego, latín y francés, de manera que a mediados del siglo XIX amplió su oferta educativa para convertirse en uno de los centros más importantes de educación en el país. Su extensa biblioteca personal de 490 volúmenes, donada por disposición testamentaria al Colegio, es muestra fiel del valor e interés por cultivar las humanidades, las artes y las ciencias; de aquí que se considera que fue de significativa influencia para que Ocampo mandatara la reapertura del Colegio.

El legado que Melchor Ocampo hizo al Colegio, corazón de la actual Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, sin lugar a dudas es mayor que su biblioteca y su propio corazón, y en reciprocidad, su ideología debería ser asumida como principios del quehacer nicolaita.

A Ocampo se le atribuye la frase: “Es hablando y no matándonos como habremos de entendernos” que, sin lugar a dudas, ilustra en gran medida el pensamiento de un individuo para el cual la razón y los argumentos deberían ser suficientes para dirimir diferencias. En este marco, los nicolaitas deberíamos tener presente y asumir como política para el fortalecimiento educativo, el privilegio del diálogo, antes de recurrir al ejercicio del poder o de la imposición de la ley, debemos de ser capaces de dar muestra a la sociedad, de nuestra capacidad para dialogar y lograr consensos.

Melchor Ocampo no fue una persona que buscara el poder, incursionó en la política porque buscaba poner en práctica sus ideas para mejorar la vida de los michoacanos, por lo que propuso la dignidad como base de los principios en el ejercicio del poder, para generar el bien común. Hoy, los miles de nicolaitas egresados de nuestras aulas, y que tienen la oportunidad de participar como funcionarios públicos, deberían honrar la memoria de este prócer, con la búsqueda incansable del beneficio público en todas sus responsabilidades y encomiendas.

Lamentablemente, las circunstancias políticas no permitieron a Ocampo concretar todos sus proyectos educativos, pues era un convencido de que el desarrollo del país dependería de la educación. En 1846 señalaba que “Si el pueblo de México tenía acceso a la educación sería el primero del mundo”, postulado que hoy, más que nunca, sigue siendo válido, pues sólo a través de la educación se logrará un impulso sólido al desarrollo del país.

Para nadie es desconocido que la sociedad actual enfrenta una crisis de valores, y todas las instituciones educativas en México deberían tener como una meta, no sólo brindar educación a todos por igual, sino contribuir a una sociedad que haga posible el anhelo de Ocampo cuando señalaba: “Hasta cuándo llegará el día en que se aprecie más al hombre que enseña, que al que mata”.

En materia de educación, sostenía que ésta tenía que cimentarse en los postulados básicos del liberalismo: la democracia, el gobierno de la mayoría, la tolerancia y el respeto a las diferentes creencias. Hoy, aunque se consideren principios inherentes al quehacer universitario, se hace necesaria la revisión de estos principios para lograr fortalecer los diferentes órganos de gobierno, pero no manipulando la legislación, sino como el mecanismo que permite alcanzar la cohesión social, la legitimación de liderazgos y, sobre todo, la diversidad necesaria en toda representatividad.

En 1852, cuando regresó por segunda ocasión al Congreso de Michoacán, señaló: “Traigo menos ilusiones del bien, pero más verdades aprendidas”, frase que denota la experiencia adquirida en el ejercicio del poder.

El mayor homenaje que se puede brindar a Melchor Ocampo no está en conmemorar su natalicio, sino en el hecho de que la comunidad universitaria nicolaita asuma la realidad del momento, la experiencia de su pasado, para enfrentar con éxito los retos actuales y futuros. Se debe tener presente la responsabilidad social universitaria que se tiene: contribuir a la formación de una mejor sociedad.