Disminuyó la esperanza de vida en México. El artículo del Dr. Salvador García Espinosa

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El Derecho a la Ciudad

DISMINUYÓ LA ESPERANZA DE VIDA EN MÉXICO

Salvador García Espinosa

La semana pasada se dio a conocer una noticia que por su relevancia debió de haber ocupado los titulares, sin embargo, considero que para muchos pasó inadvertida: En México, la esperanza de vida disminuyó cuatro años.

En 1930 la esperanza de vida en México era de tan solo 33 años para los hombres y 34.7 años para las mujeres; para 1950 la esperanza de vida se incrementó a 45.1 años para los hombres y de 48.7 años para las mujeres; para 1970, después de múltiples y constantes esfuerzos gubernamentales en materia de salud, la esperanza de vida aumentó para el caso de los varones a 58.8 años y 63 años para las mujeres.

El incremento en la esperanza de vida de los mexicanos continuó de forma ascendente y, en 1990 la diferencia entre hombres y mujeres aumentó hasta ubicarse en 68 y 75 años, respectivamente. Para el año 2000, un niño nacido en México presentaba una esperanza de 70.9 años de vida, mientras que para una niña era de 76.4 años. Tan solo diez años después, la esperanza de vida se incrementó en aproximadamente un año, al ubicarse en 71.1 años para los hombres y 77.0 años para las mujeres.

Para el año 2019, antes de iniciar la pandemia, la esperanza de vida en México en promedio era de 75 años (72.2 años para los hombres y 78 años para mujeres). Las diferencias por entidad son significativas, la CDMX se ubicaba como la entidad con mayor esperanza de vida, con 76.5 años en promedio y, junto con Baja California, Aguascalientes, Baja California Sur, Nuevo León, Coahuila y Querétaro, conforman las entidades con una esperanza de vida por arriba del promedio nacional, mientras que, en contraste, Oaxaca, Chiapas, Veracruz y Yucatán presentan la menor esperanza de vida, en donde Guerrero se ubica en último sitio con tan sólo 73.2 años.

A partir del año 2019, por primera vez en más de un siglo, en México la esperanza de vida disminuyó en promedio cuatro años, al pasar de 75 años en 2019 a 71 para el 2021. Sin duda, la pandemia fue un factor decisivo en dicha disminución, pero de acuerdo con la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición, el rezago en materia de salud es la principal causa de dicho retroceso. Un estudio realizado por 10 académicos latinoamericanos, publicado el año pasado en la revista demográfica Genus, sugiere que la reducción en la esperanza de vida en México es de 5.5 años. 

Muestra de lo anterior es que, el acceso a la salud ya había empeorado cuando inició la pandemia en 2020, pues en 2015, 16.7 % de la población registraba carencia de este acceso, y en 2020 el porcentaje había aumentado a 21.5 %.

Como es de suponer, el impacto de la pandemia sobre la esperanza de vida no se presentó de forma exclusiva en México, aunque sí de forma más significativa; de acuerdo con datos del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, nuestro país fue una de las ocho naciones en todo el mundo donde la cifra se redujo en al menos cuatro años, los países en situación similar son: Perú, Bolivia, Paraguay y Guatemala.

El Dr. Luis Miguel Gutiérrez Robledo, director del Instituto Nacional de Geriatría (INGER), respecto del rezago en materia de salud señaló que aún es un gran reto, e insistió en que la constante actualización de los servicios de salud y el incremento de sus recursos tienen que ir acompañados de la educación, pues son las enfermedades crónicas como: diabetes, cáncer y obesidad, las que provocan cada vez más muertes, además de deteriorar la calidad de vida.

Los cambios en la política de salud son impostergables; un hombre mexicano tenía una esperanza de vida de 72.2 años en 2019, hoy en día su esperanza de vida es de 67.9 años, mientras que para una mujer mexicana que en el 2019 podía esperar vivir casi hasta los 78 años, hoy en día, tras la pandemia, puede aspirar a vivir hasta los 74.2 años. Como se observa, los hombres han sido más afectados que las mujeres, ya que han perdido más años de esperanza de vida; de igual forma, la mayor pérdida de esperanza de vida se concentra en los estados del Noreste, Centro y Sureste de la República Mexicana.

Desafortunadamente, todo parece indicar que la esperanza de vida continuará a la baja en el corto plazo. Al escribir estas líneas no puedo evitar pensar en que la política de salud en México debe de tener como una de sus prioridades la accesibilidad de los enfermos a las clínicas. En estos días, en Morelia se ha suscitado una discusión en torno a la reubicación de las oficinas centrales del Instituto Mexicano del Seguro Social; los actores no se limitan al Gobierno del Estado y al propio Congreso, además de la Iniciativa Privada y organizaciones empresariales. Las posturas son diversas y se han dado a conocer múltiples preocupaciones sobre la pertinencia o no de su ubicación y sus posibles impactos en la zona. Ojalá esa discusión se hubiera tenido cuando alguien decidió reubicar el hospital del Seguro Social, a un predio alejado del área urbana, propiciando que los pacientes y familiares tengan que invertir tiempo y dinero para trasladarse hasta dicha instalación, alejada de cualquier uso o equipamiento complementario como farmacias o consultorios, hasta los más elementales, como tiendas de alimentos, de fotocopias e incluso sitios de hospedaje para los familiares de los pacientes.

Sin duda, nos queda mucho por hacer para mejorar nuestro acceso a la salud y, tanto la planificación como la administración de la ciudad, constituyen áreas de oportunidad para contribuir a revertir la pérdida tan significativa que hemos tenido en la esperanza de vida.