Dejan la cárcel con las puertas abiertas de par en par

Morelia, Mich. 04 de abril de 2017.-Suena irónico cerrar una cárcel, signifique abrir sus puertas, esta es la realidad que ahora vive el Centro de Reinserción Social General Francisco J. Múgica, que tras 59 años de labor dijo adiós a sus reos que fueron trasladados a otra penitenciaría y hoy recibió a los familiares de los mismos para entregarles sus pertenencias.
El penal que desde 1958 protagonizó motines, reportó homicidios y secuestros, dejó de cumplir su labor por diversos motivos.
Las instalaciones ya no cumplían con los requisitos establecidos por las normativas oficiales, y además dejó de estar en la periferia de una ciudad que en los últimos 10 años creció en más de un 90 por ciento para hallarse rodeado de dos centros comerciales, un hospital y vecindarios de diferentes estratos sociales.
“Ni sabía que habían construido un Walt Mart aquí cerca” comentó en 2012 un ex convicto al ser entrevistado por este medio cuando cubría una serie de preliberaciones.
Desde la administración del gobernador Leonel Godoy (2008-2012) los encargados de la Seguridad Pública del estado reconocían que el reclusorio debía ser cerrado para evitar situaciones que pusieran en riesgo a los internos, sus visitantes y a los vecinos del lugar.
En ocasiones previas se tuvo la oportunidad de visitar el sitio debido a eventos como la donación de libros a la biblioteca José Revueltas, la celebración del Vía Crucis y operativos para detectar objetos no permitidos.
En dichas ocasiones se observó hacinamiento, y deterioro de las instalaciones, aunque se reportó la toma de medidas para prevenir situaciones más graves todavía, como trasladar a reos de alta peligrosidad a otros penales, por lo que incluso el área destinada para este tipo de reos cayó en desuso, según su director Félix López.
“Cuando llegamos aquí era como un pueblito donde la mayor parte del tiempo estaba todo tranquilo”.
La calma era tal, señaló el funcionario, que durante su gestión no recuerda a ningún reo ‘famoso’ por algún crimen.
A pesar de estos comentarios el cierre fue sorpresivo a tal grado que los familiares se enteraron de la situación un día después, cuando les llamaron para recoger las pertenencias de los internos.
Esto señalan no consideran que traiga mejoras para todos, porque al final de cuentas es el cautiverio lo que más les afecta.
“Yo creo que es igual donde estén, si igual está en prisión”, señaló un hombre de 60 años, procedente de Zinapécuaro que acudió a recoger las herramientas de carpintería de su hijo.
También la distancia, consideraron es un factor en contra, puesto que algunos de los internos ni siquiera son de la capital del estado.
“Yo solo puedo venir a visitar a mí marido cada tres meses porque tengo hijos que mantener y ahora creo que me voy a tardar más”, expresó una mujer de 43 años que desde 2012 viene a visitar a su marido quien está sentenciado a 9 años de prisión.
Las quejas también llegan a la autoridad debido a la necesidad de trámites.
“Llegó una mujer que tiene aquí todo el día esperando por las pertenencias de su novio, con quien dice se va a casar, pero no está acreditada como familiar, así que le solicitamos que le pida a su futura suegra que venga por ellas, dado que no podemos entregar las cosas, así como así”, señala el director del Cereso.
Sin embargo, aún queda una incógnita, qué será del inmueble.
“No nos lo han dicho, queremos saber (las autoridades del Cereso), porque la gente nos pregunta. Nos han dicho que hay un proyecto aquí pero desconocemos de qué se trata”, concluyó Félix López.

RED 113 MICHOACÁN/ Redacción

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