Centros históricos, su invención; el análisis del Dr. Salvador García Espinosa

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El Derecho a la Ciudad

CENTROS HISTÓRICOS, SU INVENCIÓN

Salvador García Espinosa

Hoy, es muy común para todos hablar del centro histórico, tanto en nuestro papel de turistas, cuando buscamos un atractivo turístico que visitar; así como en el rol de habitante de alguna urbe, más aún, si se habita en ciudades como Morelia, Puebla, Zacatecas, Querétaro, San Luís Potosí, entre otras muchas más. Tal vez por esta cotidianeidad, hablar de centros históricos, nos hace impensable considerar que el “centro histórico” como parte de la estructura de una ciudad, es un invento del siglo XX, más qué, de una herencia del pasado, como se explica a continuación:

Centro urbano

Es preciso comenzar por comprender que todas las ciudades se conforman a partir de un primer asentamiento, el cual crece y expande su mancha urbana, esta es la razón por la que, en muchas ciudades este lugar donde históricamente surgió la ciudad coincide con su centro geográfico; pero no es una condición sine qua non. Al ser la zona más antigua, fue concentrando las actividades más relevantes de la ciudad, las del poder civil (palacio de gobierno, oficinas administrativas, palacio de justicia, etc.); el poder religioso (la catedral, casa episcopales o residencias de clérigos); el poder económico (sucursales y oficinas principales de los bancos); el poder comercial (principales tiendas y almacenes, los más grandes e incluso los más especializados) e incluso la actividad educativa con la instalación de las primeras escuelas y universidades.

A lo anterior, hay que sumar lo cívico, pues en la zona central de todas las ciudades se concentran las conmemoraciones, desfiles, homenajes y cualquier actividad tendiente a reforzar la memoria colectiva de la sociedad. Incluso, este carácter simbólico ha propiciado que en los centros urbanos se concentren también, las protestas, marchas y plantones. En resumen, el centro urbano obedece a la naturaleza de una zona central, geográfica o no, en la que coinciden varias centralidades: la histórica, la económica, la financiera, la simbólica, la administrativa, de ahí que es considerado el centro de la urbe.

Centro Histórico

Para comprender la transición de centro urbano a centro histórico, existen varios factores, siendo uno de los principales el turístico. A partir de la crisis económica que se vivió en México durante de la década de los ochentas del siglo pasado, se ubico a las ciudades que contaban con un patrimonio histórico edificado significativo como potenciales destinos para el turismo nacional y de esta forma reactivar la economía de las ciudades. Su éxito económico se basó en buena medida en la accesibilidad por carretera y la cercanía a las grandes ciudades lo que incentivó, una muy redituable, dinámica turística de fin de semana.

En el ámbito internacional, el interés sobre los centros históricos encontró eco, en la UNESCO con la Lista del Patrimonio Mundial, pues al lograr su inclusión, en automático se convertían en destinos, altamente demandados internacionalmente. Para dar cuenta de lo reciente de este fenómeno, se logró la inscripción en la Lista Mundial de los centros históricos de la CDMX, Oaxaca y Puebla en 1987; en 1988 Guanajuato, en 1991 Morelia y después Zacatecas en 1993; en 2002 con el centro histórico de Campeche.

La invención

Como se observa, el reconocimiento nacional e internacional de los centros urbanos como centros históricos es relativamente reciente, aproximadamente 35 años en el mejor de los casos, algo sumamente poco si se considera la historia de una ciudad. El éxito económico de la actividad turística incentivo que se diera prioridad a componentes de la centralidad histórica sobre los demás factores (cívica, comercial, financiera, simbólica, religiosa, etc.) y que en conjunto habían conformado la centralidad urbana.

Impulsar una vocación turística en los centros urbanos llevó en muchas ciudades a realizar reubicaciones, hacia otras zonas de la ciudad, de aquellos equipamientos derivados de las demás centralidades, como fue el caso de universidades, oficinas administrativas de gobiernos municipales o estatales, palacio de justicia, central camionera, entre otros muchos más. En otras palabras, todos aquellos equipamientos que provocaban el que gran parte de los ciudadanos acudieran al centro y que ahora resultaban, incompatibles para la vocación turística que se pretendía generar.

El reto

La actividad turística ha propiciado que las decisiones sobre un centro histórico, obedezcan más a lo ocurrido en los demás centros históricos, que con la dinámica propia de la ciudad a la que pertenecen. Prueba de esto, es que en todos encontramos muchas similitudes como las mismas cadenas de hoteles, restaurantes, el llamado turibús, las rondallas y hasta las leyendas; tal vez por esta razón haya surgido la necesidad de poner el nombre de la ciudad como mobiliario urbano; para que el turista identifique donde se encuentra.

El gran reto para los gobiernos locales, hoy, consiste en contrarrestar esta excesiva desvinculación entre el centro histórico y su ciudad, para lograr que sean espacios para el esparcimiento, recreación y cultura de los ciudadanos y no solo de turistas. En este contexto fomentar el uso habitacional en sus diversas modalidades y estratos económicos resulta ser un elemento clave para superar el reto que hoy se presenta.