BIDEN vs. TRUMP, vistos desde la ciudad; el análisis del Doctor Salvador García Espinosa

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EL DERECHO A LA CIUDAD

BIDEN vs. TRUMP, vistos desde la ciudad

Salvador García Espinosa

La pasada elección presidencial en Estados Unidos, ha sido la de mayor participación de votantes en la historia del país, además de haber despertado una expectativa sin precedentes sobre su desarrollo y resultado en todo el mundo. Las lecturas son muchas y muy diversas, van desde la polarización de la población en sus preferencias partidistas, pasan por el protagonismo y radicalización del presidente Donald Trump e involucran el voto de las minorías raciales en protesta por la política migratoria, entre otros diversos factores.

Más allá de la evidente polarización que propició el bipartidismo, entre republicanos y demócratas. Interesa para este espacio, señalar que la reciente elección entre el republicano Donald Trump y el demócrata Joe Biden, permitieron identificar un claro patrón de diferenciación entre el voto de los habitantes de las zonas urbanas, es decir, las ciudades y zonas metropolitanas y las preferencias electorales de quienes viven en la zona rural.

Estados Unidos es el tercer país más poblado del planeta, con poco más de 330 millones de personas y una superficie total de casi 10 millones de kilómetros cuadrados, es decir una densidad global del orden de 33 habitantes por kilómetro cuadrado. El 82.46% de su población radica en una zona urbana, definida como aquella localidad de 50,000 o más habitantes, con densidades de población de 1,000 personas por milla cuadrada o más. En contraposición, se consideran rurales aquellas localidades de menor población y en las que habitan aproximadamente 60 millones de personas.

Conviene señalar que, en virtud de que el sistema electoral estadounidense establece un número de votos electorales, distintos para cada estado, con la finalidad de minimizar las desigualdades poblaciones, los votos en relación con la cantidad de personas, no refleja los resultados conocidos por todos para cada estado. Por esto y al margen de los resultados ya de todos conocidos, se considero oportuno, por la naturaleza de este espacio, hacer algunas consideraciones desde la perspectiva de la ciudad.

En las 26 ciudades más importantes del vecino país del norte, el candidato demócrata Joe Biden obtuvo mayoría, solo en la ciudad de Oklahoma, las preferencias favorecieron a Trump. Conviene señalar que incluso en los estados tradicionalmente republicanos y en donde los votos electorales favorecieron a Trump, se observo que, en las ciudades, predominó el voto demócrata, tal fue el caso de Charlotte en Carolina del Norte, Indianápolis en Indiana y Nashville en Tennessee.

De igual forma, el triunfo de Baiden fue evidente en las ciudades de Nueva York (Nueva York), Los Ángeles, San Diego, San José, San Francisco (California), Chicago (Illinois), Houston, San Antonio, Dallas, Austin, Fort Worth, El Paso (Texas), Phoenix (Arizona), Filadelfia y Pittsburgh (Pensilvania), Jacksonville (Florida), Columbus (Ohio), Seattle (Washington), Denver (Colorado), Washington CD, Boston (Massachusetts), Detroit (Michigan) y Oklahoma (Oklahoma), Atlanta, Savannah, Augusta y Columbia (Georgia), Las Vegas (Nevada) y Washoe (Reno).

La preferencia en zonas urbana por los demócratas y de republicanos en zonas rurales, explicaría la conformación del mapa electoral, en el que claramente se concentra el color azul con el que se identifica a los demócratas tanto en la costa este como oeste, mientras que los estados centrales, predomina el color rojo con el que identifican a los republicanos, pues son estados en donde predomina la población rural caracterizada por muchos como agricultores, fundamentalistas y conservadores.

Una de las múltiples lecturas señala que la base latina, urbana y sindical otorga a Biden la victoria, esto explica los cambios de preferencia en Nevada y Arizona, debidos al crecimiento de sus grandes centros urbanos, Las Vegas y Phoenix, respectivamente. Por el contrario, sobre las preferencias hacia Trump en las zonas rurales, el Washington Post concluyó, a partir de los datos de encuestas que, “la división política entre las zonas rurales y urbanas de Estados Unidos es más cultural que económica, está enraizada en las profundas dudas de la población rural sobre la rápida y cambiante demografía de la nación, su sensación de que el cristianismo está bajo asedio y su percepción de que el Gobierno federal atiende más a las necesidades de las personas en las grandes ciudades“.

En un contexto más amplio, el comportamiento electoral señalado, obedece a una situación que inició en el año 2001, cuando China se incorpora a la Organización Mundial del Comercio, pues en la búsqueda de una mayor competitividad hubo una reubicación masiva de industrias en países distintos a los Estados Unidos, mientras que la industria que permaneció en Estados Unidos, su estrategia de competitividad fue reducir sus costos a través de invertir en tecnología, lo que propicio el despido de trabajadores afectando duramente las áreas rurales y pequeños núcleos urbanos.

La ola de desempleo, propició una sensación generalizada de abandono de las zonas rurales estadounidenses, lo que permite comprender que fuera la población más receptiva al mensaje de Trump, que marco énfasis en la necesidad de reformular las políticas comerciales, además de las promesas de canalizar dinero para grandes obras de infraestructura. Desde una perspectiva demográfica, en las localidades rurales, la población tiene una mayor edad en promedio en áreas urbanas, además de que su población suele ser menos diversa en términos raciales que en las grandes ciudades.

Los demócratas parecen haber centrando su atención en minorías como los denominados millennials y votantes blancos con educación universitaria, mientras que el “voto duro” de los republicanos radica en torno a los evangélicos, blancos y obreros que viven en zonas rurales. Pero seguramente, esta situación, esta por cambiar, pues en su discurso Joe Biden ha señalado claramente que se gobernará para todos no sólo para quienes votaron por él y también, quien será la primera mujer vicepresidenta de los Estados Unidos, Kamala Harris, han sido contundente en su mensaje de unidad, esperanza. La gran lección de las elecciones estadounidense, es que las políticas que el gobierno instrumenta deben contemplar las diversas realidades de un país y no sólo para las mayorías, como acontece en México, en donde parece que, solo interesan las zonas urbanas donde se concentra el número de votantes.