El Instituto Nacional Electoral (INE) convocó a representantes de empresas demoscópicas al foro “El papel de las encuestas en el proceso electoral”, con el objetivo de conocer los retos a los que se enfrentan, ya que, entre más rigurosos sean sus estudios, más contribuyen al conocimiento de la sociedad y al ejercicio del voto informado y en libertad.

Representantes de 16 casas encuestadoras y especialistas en demoscopia reflexionaron acerca de la utilidad de estos ejercicios para la ciudadanía en la actualidad y, sobre todo, su incidencia en el actual proceso electoral.

 

En la mesa I, denominada “Las encuestas electorales ¿Informan o desinforman?”, moderada por la periodista Gabriela Warkentin, el director general de Consulta Mitofsky, Roy Campos, manifestó que las encuestas sirven para todo menos para pronosticar resultados de una elección.

 

“Sirven para contar una crónica, sirven para apostar, sirven para invertir, sirven para entender a México, para diseñar una estrategia; para todo, menos para pronosticar”, enfatizó.

 

Reconoció que las encuestas sí influyen en el votante. La encuesta termina influyendo en la campaña, en el ánimo de la campaña, en los financieros y en los medios de comunicación; pero, subrayó, estos ejercicios deben evaluarse por su método y no por sus resultados.

 

En su intervención, el director de Lexia, Claudio Flores, se refirió a las encuestas falsas, las cuales, dijo “sirven para confundir, y eso hace que las encuestas sean también una manera de noticias falsas. Y esto cae en un contexto donde nosotros estamos creyendo lo que queremos, lo que nos emociona, lo que nos concede la razón, lo que nos concede el privilegio de tener la razón”.

Las encuestas son una parte importantísima de la narrativa de un proceso electoral, dijo, por lo que las encuestas falsas o pseudo encuestas, generan ruido o ensucian una elección.

 

Enseguida, el director de la Revista Voz y Voto, Jorge Alcocer, cuestionó el valor de algunas de las encuestas que circulan –que no reúnen los requisitos metodológicos- y de las que se desconoce “cuál es la buena y cuál es la mala, antes les llamábamos encuestas patito, ahora les llaman fake news. Yo prefiero llamarles encuestas patito, encuestas chafas que siguen ahí circulando y nadie dice nada”.

 

Consideró que el gremio de las encuestadoras requiere de seriedad y de responsabilidad, “de una vez volver a decir que en democracia la certidumbre está en el actuar de la autoridad electoral y la incertidumbre debe estar en los resultados”.

 

El director general de Buendía y Laredo, Jorge Buendía, consideró que las empresas encuestadoras han quedado a deber en términos de ofrecer información de cómo se ve la elección desde el punto de vista de los ciudadanos.

 

Reconoció que las encuestadoras no tienen esa visión “con lo que se deja de lado una de las principales razones por las cuales las encuestas son fundamentales en un proceso electoral”.

 

Encuestadoras deben ser autocríticas y disminuir márgenes de error

 

En la mesa II “¿Cómo contrarrestar la imprecisión de las encuestas electorales para que los ejercicios demoscópicos sean útiles para la ciudadanía en la decisión de su voto?”, moderada por el académico Javier Aparicio, participaron Javier Márquez, fundador de Oraculus; Daniel Moreno, de Verificado; Enrique Quintana, del periódico El Financiero, y Lorena Becerra, del diario Reforma, quienes coincidieron en que los medios y las encuestadoras deben entrar en una etapa de rendición de cuentas y de precisión de su metodología para contrarrestar las posibles fuentes de error de las encuestas.

 

Tanto Lorena Becerra como Daniel Moreno mencionaron que nuestro país no está listo para hacer encuestas en línea y redes sociales como Facebook o Twitter, que se pudieran considerar metodológicamente sólidas, como otros países sí lo han logrado.

 

En opinión de Daniel Moreno, las encuestas sí hacen pronósticos, porque “lo que importa es cómo recibe el lector los resultados, ya que la información tiene un impacto muy importante en la opinión pública”, por lo que consideró que la Asociación Mexicana de Agencias de Investigación de Mercado y Opinión Pública (AMAI) podría tomar una actitud más activa para sancionar empresas que muestren mayor error en sus metodologías y en la verificación de encuestas.

 

Javier Márquez, Director de Proyectos de Buendía y Laredo y socio fundador de Oraculus, pidió que las empresas del ramo que reporten márgenes de error sean más autocríticas y honestas, en tanto que Enrique Quintana, de El Financiero, afirmó que deben de ser más transparentes en los resultados y que la sociedad sea más exigente en la sanción de credibilidad en las encuesta.

 

Quintana precisó que “las encuestas son un procedimiento útil que la sociedad tiene para ejercer el control democrático mucho más que otras reglas seguidas por las autoridades y que hay que cuidar que se pondere realmente, que se señalen los equívocos y que se pondere realmente cuando hay aciertos”.

 

Al participar en la mesa III “Libertad de expresión en la publicación de encuestas: lo que se vale y lo que no se vale en la difusión de encuestas electorales”, el Secretario Ejecutivo del INE, Edmundo Jacobo Molina, explicó que la función de la autoridad electoral en materia de regulación de encuestas, consiste en recibir los estudios metodológicos que respalden los resultados de los ejercicios, para darlos a conocer a la sociedad y “ofrecer un insumo que permita distinguir entre las encuestas rigurosas –con respaldo científico– de las que no lo son”.

 

Las reglas implementadas por el INE en materia de encuestas, dijo, “no invaden ni violentan la libertad de expresión, sino que contribuyen a contar con una opinión pública mejor informada”.

 

Detalló que, en lo que va del proceso electoral en curso, el INE ha detectado 321 encuestas originales, es decir, que han dado a conocer resultados inéditos sobre la preferencia del voto para distintos cargos de elección popular.

 

Al moderar la mesa, María Scherer destacó la importancia de preservar la libre difusión de encuestas electorales y consideró indispensable “que las encuestas sean fortalecidas por explicaciones sobre sus resultados, su alcance y su rigor”.

 

En su intervención, Alejandro Moreno, responsable de encuestas y estudios de opinión en El Financiero, sostuvo que es necesario tener mejores y mayores registros de desempeño, por parte de las casas encuestadoras, “que nos digan el perfil del encuestador y, por lo tanto, del gremio”.

 

El fundador y presidente del grupo Nodo, Luis Woldenberg, señaló que en lo que va del Proceso Electoral Federal, en tan sólo un mes, se han publicado más de 161 mil encuestas en diferentes redes sociales y la falta de regulación de estos ejercicios en las plataformas digitales, las ha convertido en “una mercancía que se compra y se vende”, por lo que apeló a tener lectores más informados.

 

En la mesa IV, que fue moderada por Alejandro Garnica (AMAI), participaron Ricardo de la Peña, de Investigaciones Sociales Aplicadas (ISA); Francisco Abundis, de Parametría, y Ulises Beltrán, de BGC, quienes expusieron sobre “El mito del Borrego: ¿tienen las encuestas el poder de manipular la voluntad ciudadana expresada en el voto?”, en la que se mencionó que “el efecto del borrego es aquel que dice que las encuestas forman opinión y conducen al público a actitudes predominantes hacia un candidato”.

Alejandro Garnica, Ulises Beltrán y Francisco Abundis coincidieron en que las encuestas influyen en la ciudadanía y se refirieron a la existencia de pseudo encuestas, fake polls “o encuestas patito que pueden llegar a manipular” a la ciudadanía.

“La tarea de los analistas y medios de comunicación es fundamental para el buen entendimiento entre los ciudadanos y los resultados de las encuestas”, agregó Francisco Abundis, quien subrayó la importancia de distinguir entre las encuestas que son realizadas por investigadores o centros de investigación con un rigor metodológico, de aquéllas que son efectuadas por publicistas con fines propagandísticos.

 

Ulises Beltrán dejó en claro que en el medio demoscópico “lo único que justifica lo que hacemos es un método, mientras ese método no sea cuestionado debidamente y objetivamente, hay encuestas y no encuestas”.

 

En su opinión, “las encuestas no pueden tener este efecto borrego”, pues sólo el 25 por ciento de las personas creen en estos ejercicios, pero sí pueden servir a los candidatos para la toma de decisiones; al electorado para definir su voto a favor o en contra de quien encabeza las encuestas o para el llamado “voto útil”, es decir, para quien va en segundo lugar de las preferencias.