11 de enero de 2018.- El mundo animal nunca termina de sorprendernos. Esta vez con una escena que invita a lanzar preguntas alrededor de los mecanismos de la atracción y la amistad.

De un lado, un perro, parece que un un pitbull. Del otro, un cervatillo. En medio de ambos, evitando cualquier posibilidad de contacto físico, una verja metálica.

En principio cabría pensar que se trata de criaturas que poco tienen en común. De ahí que sorprenda tanto su reacción. Ni el perro ladra ni el ciervo se asusta. En cuanto se encuentran, comienzan a correr uno al lado del otro, como imitando al otro.

En algunos momentos parecen incluso jugar a una suerte de escondite, haciendo pequeñas paradas tras las columnas que marcan los vértices del terreno enrejado. En otros instantes se quedan parados en seco a mitad de trecho, parece que esperando la reacción del otro.

Con información de PlayGround